Llevamos un mes de mayo pasado por agua. Hoy, de hecho, casi no ha parado de llover en toda la tarde. Y claro, para no variar, se habrá liado en los (muchos) sitios de siempre (Puente de la Estación, Vallespín, Prado Sanjuaniego, Avenida de la Juventud, etc). Dice un buen amigo mío que no sabe por qué me escandalizo. Que es una solución imaginativa del Ayuntamiento para evitar futuros problemas de agua haciendo “pantanos urbanos”. En fin, las chapuzas de siempre.
Cualquier abulense que haya estado en otras latitudes más lluviosas habrá notado algo raro. Si vas por Centroeuropa, Reino Unido, Irlanda sabrá que no es que allí llueva, sino que algún que otro día no llueve. Y sin embargo…CASI NO HAY CHARCOS. Aquí, en cuanto caen dos gotas mal caídas esto parece los Everglades. ¿De qué extraño y mágico material repelente del agua están hechas allí las calles? ¿O es que simplemente las calzadas están bien hechas, no están llenas de socavones, con el peralte necesario para que el agua fluya hacia los desagues y éstos no están obstruidos ni tapados con hormigón? ¿Cómo es posible que aquí, hasta en los viales nuevos de nuestros flamantes barrios llenos de solares y vacíos de gente haya, más que charcos, inmensas balsas?
