Qué desastre. Meses y meses sin actualizar el blog. No sé si había siquiera alguna persona que lo leyera. Lo que está claro es que, de haberla, ya debe andar muy lejos.
Cualquiera que sea tenga niños sabrá que al final uno no es dueño de su tiempo. No sé si me explico. En cualquier caso, me comprometo a enmendar la situación y a seguir poniendo a parir a los lumbreras que nos rodean, guían y gobiernan. A ver cuánto me dura el compromiso….
Tus lectores te animamos a que siguas poniendo las cosas de palacio, léase ayuntamientus magníficus, en su sitio para que, además de hacerse fotos en las infinitas inauguraciones, que tienen derecho, o de ser plato único de telealcalde, pues eso, que sepan que nos están jodiendo con sus malas obras que nos traen malos pensamientos.