Hay otra brillante obra que merece estar, junto con la rotonda alienada, en el podio de las grandes chapuzas que nos brindan nuestros gestores municipales.
Al final de la Av. de la Unión Europea (en lo que no sé por qué venimos a llamar “circunvalación”) hay una rotonda poco menos que infernal, en la que hay que pegar un giro casi dramático al final de un precipicio una cuesta abajo, en el que por supuesto, ni hablar de hacerlo dos coches en paralelo, ya que no cabe casi ni uno.
Por no hablar del pavimento. Ahora ya me explico lo de los todoterrenos. No es una moda. Es una necesidad.
Vista de subida.
Y de bajada.
Por cierto, hace ya más de un año levantaron todo el pavimento de esta rotonda infernal, y echaron una capa de cemento considerable. Por un momento pensé que alguien en el Ayuntamiento había entrado en razón y se había dado cuenta que para que el pavimento resistiera todo el tráfico debían reforzar las capas por debajo del asfalto. Pero mira por donde, echaron el cemento pero no volvieron a asfaltar. _Y ahí sigue. Hormigón sin alisar ni ná de ná. Cada vez que paso sufro por mis neumaticos…